LEMA 2026: ENFOCADAS EN CRISTO, PLENAS Y EN MISIÓN
Vivimos en un mundo que compite constantemente por nuestra atención. Entre responsabilidades, preocupaciones y múltiples tareas, fácilmente podemos comenzar a mirar más las circunstancias que a Cristo, y sin darnos cuenta el cansancio y la carga empiezan a ocupar nuestro corazón.
Algo parecido le ocurrió a Pedro. Mientras mantuvo su enfoque en Jesús pudo caminar sobre las aguas, pero cuando se enfocó en la tormenta comenzó a hundirse. Cuántas veces nos pasa lo mismo. Cuando nos enfocamos en las circunstancias, llega la desesperanza; cuando nos enfocamos en otros, comenzamos a obsesionarnos con la aprobación, con la comparación y entonces lastimamos y somos lastimadas; y cuando nos enfocamos en nosotras mismas, podemos sentirnos insuficientes o incluso autosuficientes. Pero ninguna de esos es el enfoque correcto, nuestro enfoque debe estar puesto en Cristo (Hebreos 12:2).
Muchas veces nos vemos reflejadas en Marta, afanadas entre muchas ocupaciones, aun haciendo cosas buenas y necesarias. Sin embargo, Jesús nos recuerda que antes de llamarnos a hacer algo para Él, nos llamó a estar con Él (Marcos 3:14).
Antes de la misión está la comunión. Y es precisamente en Su presencia donde encontramos la verdadera plenitud y recordamos que nuestra dignidad, identidad y propósito no dependen de lo que hacemos, de lo que otros piensan de nosotras ni de nuestros logros o fracasos, sino de lo que Dios ha hecho por nosotras a través de Jesucristo.
Cuando estamos enfocadas en Cristo, el corazón encuentra paz aun en medio de las demandas diarias. Dejamos de competir, dejamos de compararnos, ya no nos controla el temor ni el deseo de aprobación humano y comenzamos a caminar con la seguridad de saber que somos amadas y suficientes en Él. La plenitud que Cristo nos da llena nuestras áreas vacías, ordena nuestras prioridades y renueva nuestras fuerzas.
Es entonces que podemos cumplir la misión no como carga sino como un privilegio. La vivimos cada día: en nuestro hogar, en nuestras conversaciones, al servir, al acompañar a otras mujeres…
Hoy quiero animarte a renovar tu intimidad con Dios y que sea Su Palabra y no tus emociones, ni tu propio corazón los que dirijan tu caminar. Es en las Escrituras donde somos afirmadas, corregidas, consoladas y reenfocadas. Que juntas podamos seguir caminando enfocadas en Cristo, plenas y en misión, para la gloria de Dios.
